Oisin M.

Copywriter

Á

Animales, lenguaje y traducción

23-06-2020

El debate sobre lo que se clasifica estrictamente como idioma tiene más aspectos de los que podemos mencionar aquí y ahora.

Es una caja de pandora que se debe evitar cuando se disfruta de una velada informal con un grupo de lingüistas, porque el derecho a discrepar puede quedarse en el plano teórico únicamente.

Tenemos a los que creen que el lenguaje es cualquier tipo de comunicación vocal pero no están tan seguros del resto, otros que aceptan cualquier tipo de comunicación como una forma de lenguaje, otros que incluso agrupan la semiótica en todo el razonamiento y otros que simplemente eligen restringir el lenguaje a la especie humana independientemente de la forma. No ayuda que este tema se haya debatido acaloradamente desde al menos la antigüedad clásica, muy probablemente mucho antes, y parece que no estamos más cerca de llegar a un consenso que haga felices a todos.

Pero centrémonos por un momento en "los idiomas que deben ser hablados por humanos". Lo primero que les viene a la mente a la mayoría de las personas cuando asocian animales y lenguaje es un loro ruidoso en un balcón, maldiciendo como un marinero a cada alma que se atreva a entrar en su territorio. Es fácil equivocarse y creer que el animal realmente está aprendiendo a hablar parte de un idioma, pero en realidad es solo una forma de imitación muy impresionante. No hay significado o intención detrás de las palabras de un loro malhablado. No tiene idea de lo que está diciendo. No hay un idioma. 

Sin embargo, tenemos otros candidatos que son más adecuados. Durante décadas de investigación, hemos aprendido que animales como los delfines son capaces de interactuar a través de un lenguaje hablado altamente desarrollado que se asemeja a la comunicación humana. Cada sonido que emiten varía en volumen, tono y duración, lo que indica la posibilidad de que estas puedan ser palabras reales de un lenguaje de delfines. Incluso se ha sugerido que otros delfines en las cercanías dejan acabar por completo las "frases" que se dicen antes de responder, algo que los humanos no parece que hagamos la mayor parte del tiempo.

Todo esto suena bastante prometedor, pero tener conversaciones profundas sobre el significado de la vida y el alto costo de vida en las principales ciudades con nuestros homólogos marítimos no es tan simple como podría parecer. Por mucho que nos encante comenzar a crear esos diccionarios Humano-Delfín, todavía queda un largo camino por recorrer antes de que podamos resolver el enigma de cómo funciona su comunicación. Uno de los principales obstáculos es que parte de los sonidos que emiten se encuentran fuera de las frecuencias que los humanos podemos escuchar, lo que convierte todo en un rompecabezas frustrante con demasiadas piezas faltantes para dar sentido a algo.

La buena noticia es que, como en muchas áreas hoy en día, la inteligencia artificial ha venido al rescate. Los científicos están decididos a descifrar el lenguaje de los delfines en los próximos cinco años mediante el uso de la tecnología. 

Ojo, porque podríamos ver perfiles de delfines aparecer en Tinder antes de lo esperado, después de todo.

Si todo va bien y los chicos y chicas con bata blanca de laboratorio logran descifrar el código, será muy interesante ver cómo traducimos su lenguaje en algo que los humanos puedan comprender. Por lo que sabemos, estos sonidos podrían ser mucho más complejos de lo que imaginamos, transmitiendo toneladas de información sobre colores, ubicaciones, sentimientos, peligros, acciones, advertencias y muchas otras cosas en una sola modulación de tono. 

Otra pregunta es por qué lo traduciríamos. Quizás la industria de la traducción se enfrente a un buen desafío, porque tan pronto como podamos finalmente hablar con los delfines, habrá muchas empresas dispuestas a incluirlos en sus estrategias de marketing desde el primer día. Solo piense en el potencial aquí. Lo siguiente que sabemos es que podríamos encontrarlos tomando el sol junto a nosotros en la cubierta de un crucero del Océano Pacífico hablando (o chirriando) sobre los pagos de automóviles. Tiempo al tiempo.

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