Oisin M.

Copywriter

Á

Una breve historia del escocés

21-04-2020

Es casi imposible no adorar a Escocia. Sus ondulantes colinas e impresionantes montañas se extienden hasta el tormentoso Mar del Norte y el enorme Océano Atlántico, y sus antiguas y profundas leyendas y tradiciones seguramente han inspirado a una gran parte de la fantasía moderna que conocemos y amamos hoy.

Es un pedazo de paraíso en un mundo que parece tener poco tiempo para el lado más atmosférico y tranquilo de la belleza, y tiende a favorecer las experiencias de turismo de masas, siempre bajo un calor abrasador y rodeado por el aroma de la crema solar. 

Pero Escocia tiene otra joya escondida que pocas personas conocen realmente, y es su propio idioma ancestral conocido como escocés.  Pregúntele a cualquier persona en el mundo sobre el idioma de Escocia, y las respuestas irán desde «inglés con un acento sorprendente y único hablado por los enanos de Tolkien», o "gaélico como Enya y los druidas". Si bien hay cierto grado de verdad en ambos, ese acento único no puede considerarse un idioma, y ​​el gaélico, aunque se habla en Escocia, se usó principalmente en la región norte del país conocida como Highlands, mientras que el escocés era un idioma predominantemente en las Lowlands.

Independientemente del lugar donde se hablaba, su origen es una rareza en comparación a otras lenguas antiguas. Es bastante común ver idiomas hablados desde tiempos inmemoriales siendo sustituidos por la lengua de sus conquistadores y desapareciendo lentamente, pero el nacimiento del escocés fue de alguna manera al revés. Hasta la conquista normanda de Gran Bretaña en el siglo XI, la forma de hablar inglés en toda la isla era prácticamente la misma. Los normandos cambiaron la historia de Inglaterra de varias maneras, pero en lo que respecta al idioma, simplemente introdujeron el francés en el país.

A medida que pasaron los años, más y más palabras y expresiones francesas se filtraron en el inglés hablado durante esos tiempos, evolucionando lentamente hacia el idioma que hoy conocemos. Pero había una parte del país que no se vio afectada por estos cambios, y esa fue Escocia. Como comentaba  en el párrafo inicial de este artículo, adoramos Escocia y todo lo que contiene, pero parece que los normandos no estaban realmente de acuerdo con nosotros. Podrían haberse ido fácilmente hacia el norte hasta Escocia después del poco trabajo que tuvieron en sur de Gran Bretaña, pero por alguna razón, ni siquiera se molestaron.

Resumiendo un poco, los escoceses mantuvieron su idioma. Evolucionó de una manera independiente del inglés que ahora estaba influenciado por el normando. Así evitó todas las transformaciones que su anteriormente idioma común fue sufriendo desde la invasión y ha permanecido más fiel al inglés pre-normando hasta llegar a nuestros días. Y como ahora era un idioma propio con todas las de la ley, lo llamaron escocés.

Ahora, si hay algo cierto sobre los idiomas, es que el más grande siempre tiende a comerse al más pequeño, y con el escocés no fue diferente. Este idioma que iba a representar la idiosincrasia escocesa, empezó a expandirse hacia el norte, hacia las Highlands, donde se hablaba gaélico y convirtiéndose indiscutiblemente en su idioma nacional.

Sin embargo, había un idioma aún más grande en la isla que finalmente sellaría el destino de los escoceses: el inglés. Podemos entrar en un sinfín de eventos históricos, que van desde William Wallace en pintura azul, la rebelión jacobita, hasta el referéndum de independencia de Escocia, pero en un aras de la brevedad (que por algo lo hemos titulado historia breve), el evento clave es que el Rey Jaime VI unió las coronas de Inglaterra y Escocia en 1567.

A partir de este momento, el inglés hablado en Inglaterra se consideró el idioma oficial del reino, y en el estilo habitual de reyes y reinas de hoy en día, no hubo mucha negociación sobre el asunto. El inglés progresivamente le ganó el terreno al escocés, y en unas pocas décadas, casi lo eliminó por completo. Sorprendentemente, este cambio no se hizo cumplir de ninguna manera en particular, sino que sucedió naturalmente, ya que el inglés se asociaba cada vez más con el sur rico y culto, frente a un norte más tradicional y rural. Tal es el poder de dinero.

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