Oisin M.

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Á

Emergencia lingüística y climática

16-01-2020

Para la mayoría de los habitantes de este planeta, cambio climático ha sido un término con el que apenas estaban familiarizados hasta hace apenas unos meses.

Sabíamos que algo estaba pasando, pero décadas de opiniones científicas contradictorias y una buena dosis de acomodamiento por nuestra parte, ha ayudado a crear una situación en la que creíamos que lo mejor que podíamos hacer era separar la basura y encogernos de hombros ante el resto de la tragedia que estamos viviendo. Después de todo, el agujero en la capa de ozono está remitiendo y seguro que los políticos harían algo al respecto antes o después.

Pero a finales de la década que acabamos de finalizar, pudimos ver cómo el cambio climático se ha convertido en toda una emergencia climática que ha golpeado con contundencia la conciencia pública. El consenso científico de que los humanos somos el principal impulsor del cambio climático hace años que dejó de cuestionarse y la falta de medidas por parte de la clase dirigente nos ha llevado al borde del abismo. Aunque esta emergencia nos afecta a todos, hay una serie de culturas que sufren un riesgo aún mayor de desaparecer a causa del aumento  del nivel del mar y las migraciones masivas.

Lamentablemente, cuando una cultura desaparece, se lleva con ella su idioma. Y, aunque una gran diáspora puede ayudar a conservarla momentáneamente, tras unas pocas generaciones es prácticamente imposible recuperarla. Aquí os presentamos tres de las naciones más susceptibles de cambiar su herencia cultural por los efectos inmediatos del cambio climático.

Groenlandia

El deshielo del Ártico nos hace pensar que Groenlandia será mucho más habitable en las próximas décadas, pero eso puede que no sea una gran noticia para su cultura. El groenlandés es el idioma oficial de esta inmensa región autónoma perteneciente al reino de Dinamarca. Sus aproximadamente 60.000 hablantes nativos corren el riesgo de ser desplazados por la facilidad cada vez mayor de acceder sus reservas de gas y petróleo por el retroceso de sus glaciares.

Esta situación puede transformar el potencial económico de la región y, como ha sucedido con la deforestación descontrolada de la selva amazónica, los nativos y sus culturas suelen ser los primeros perjudicados.

Islas Marshall 

Este idílico país insular compuesto por casi 1200 islas en los confines más lejanos del Océano Pacífico ya ha sufrido un buen número de penurias antes de que el cambio climático empezara a mostrar su feo rostro hace unas décadas. A mediados del s. XX se realizaron más de 60 ensayos nucleares que provocaron numerosas evacuaciones y cambios demográficos, algunos hacia los EE.UU y dejando a la lengua de las Marshall en una situación muy complicada.

El aumento del nivel del mar ha hecho que las islas fueran perdiendo territorio de manera constante en las islas más pequeñas de esta nación, reclamando una media de 3,4 milímetros al año. Aunque no parece que sea nada preocupante, es una pérdida lo bastante importante como para que el agua del mar se filtre en los acuíferos y contamine el agua potable. Y un ascenso continuado puede convertir el atolón Majuro, donde vive más de la mitad de la población, en un lugar inhabitable.

Australia

Los efectos del cambio climático no se limitan al deshielo y el aumento del nivel del mar. Como hemos visto en este final de 2019 e inicio del 2020, los enormes incendios que han arrasado el interior de Australia, debidos en gran parte a la sequía que afecta al este de Australia, son una consecuencia más del cambio climático. Estos incendios han quemado casi 200.000 kilómetros cuadrados, destruido más de 2500 casas y acabado con la vida de mil millones de animales y desplazado a miles de personas.

Y lo peor es que las predicciones para las próximas temporadas de incendios son aún peores a causa del cambio climático y pondrá en riesgo a innumerables comunidades de aborígenes australianos, así como su cultura, lengua y modo de vida.

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