Oisin M.

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Á

Piedra Rosetta: la traducción que desveló los misterios del antiguo Egipto

18-11-2019

Todo el mundo siente una fascinación absoluta por el Antiguo Egipto desde que se descubriera la tumba de Tutankamón y su espectacular máscara funeraria.

Todo el mundo siente una fascinación absoluta por el Antiguo Egipto desde que se descubriera la tumba de Tutankamón y su espectacular máscara funeraria. Tras ser desenterrado en 1922 por una expedición británica muy poco convencional, que acabó con muchos de sus miembros muertos poco después y que hizo que corrieran como la pólvora los rumores de que la momia estaba maldita. Pero lo cierto es que esta momia destapó una pasión por los faraones que convirtió a Egipto en el destino predilecto de investigadores y turistas.

En la actualidad tenemos una comprensión bastante completa de cómo era la cultura egipcia de aquella época. Conocemos su sistema de creencias, los innumerables dioses y sus relaciones con casi cualquier hecho que pueda ocurrir en la vida, el uso complejo de la agricultura y su estrecha relación con el río Nilo, las elaboradas tradiciones funerarias en las que participaban y su jerarquía gubernamental con los todopoderosos faraones en la cúspide de la pirámide. (Lo sé, un chiste fácil).

Pero hubo una época en la que todo esto estaba envuelto en el más absoluto de los misterios. Hubo múltiples intentos de descifrar los jeroglíficos de los egipcios, con muy poco éxito en el mejor de los casos y el más absoluto de los fracasos en la mayoría de las ocasiones. Las pocas referencias que existieron para ayudar en esta tarea, como el tratado del sacerdote Horapolo en el s. V, se descubrió que eran claramente erróneas y no hicieron más que añadir mayor confusión a todo el asunto.

Sin embargo, todo este velo de misterio que cubrió durante siglos la historia de Egipto se desvaneció gracias a un descubrimiento fortuito que aconteció en 1799 durante la campaña napoleónica en el país africano por parte del matemático reconvertido a soldado Pierre-François Bouchard. Mientras realizaban tareas de fortificación cerca de la ciudad portuaria de Rosetta —la actual Rashid— para afianzar sus posiciones, descubrió un gran fragmento de roca granodiorita lleno de grabados que sin dudarlo consideró que eran importantes e informó de su hallazgo a sus superiores, que procedieron a ponerla a buen recaudo.

Pero las zonas en guerra no son las más adecuadas para conservar piezas históricas y el ejército francés acabó perdiendo la fortificación y tuvo que retirarse a Alejandría. La piedra estuvo allí mientras los franceses defendían la ciudad, pero los británicos acabarían entrando en Alejandría, haciéndose con el control de la ciudad y todo lo que había en ella, incluida la piedra. Tras algún que otro tira y afloja con los franceses para que estos entregaran todos los objetos, bajo amenaza de quemarlo todo si era preciso, se llegó a un acuerdo y la piedra se envió por barco a Inglaterra para su estudio, llegando a Portsmouth en el mes de febrero de 1802.

Una vez en manos de los estudiosos, el significado de los hasta entonces indescifrables jeroglíficos de la antigüedad quedó al descubierto. La piedra contenía fragmentos del mismo texto en tres idiomas: griego, demótico (el idioma que surgió en la última etapa del antiguo Egipto que se entendía parcialmente) y, lo más importante de todo, el antiguo idioma jeroglífico egipcio.

El significado de aquel texto no era especialmente interesante o revelador. De hecho, es bastante decepcionante en comparación con el descubrimiento monumental que supuso la traducción directa del jeroglífico egipcio al griego. El escrito describe un decreto que fue aprobado para afirmar el estatus real del rey Ptolomeo V y luego enumera una serie de buenas obras que realizó para los sacerdotes y templos de la zona, en la que es seguramente la primera obra de propaganda política de la que se tiene constancia. Hay cosas que no cambiarán nunca.

A pesar de la poca importancia de aquel mensaje, lo realmente asombroso es que una única traducción haya podido descifrar todos los enigmas de aquel antiguo Egipto que tuvo totalmente desconcertados a todos los historiadores durante más de dos mil años. Una única traducción transformó una colección de monumentos históricos, piezas y grabados incomprensibles en una cultura rica y compleja que se adelantó a su época y que, incluso en pleno siglo XXI, nos sigue fascinando y atrayendo como nunca.

 

 

Fuente de la imagen: Tutankamón

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