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Almudena Castro

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Entrevista con el intérprete del discurso de investidura de Joe Biden al valenciano

24-02-2021

El 20 de enero de 2021 Joe Biden tomó posesión de su cargo como 46.º presidente de Estados Unidos en una ceremonia que puso fin a una de las transiciones políticas más turbulentas de la historia del país.

Fue una ceremonia de investidura atípica que será recordada por la ausencia de asistentes debido a las restricciones por la covid-19, porque Kamala Harris se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de vicepresidenta del Gobierno y porque Donald Trump rompió con 150 años de tradición democrática al ser el cuarto presidente en no asistir a la toma de posesión de su sucesor. Sin duda también será un día muy importante en la carrera de nuestro entrevistado de hoy, Jose Sentamans Pla, el profesional que se encargó de interpretar el discurso del presidente Joe Biden al valenciano para los servicios informativos de À Punt, un canal de televisión de la Comunidad Valenciana.

Jose Sentamans Pla es traductor e intérprete de conferencias de inglés, alemán y catalán/valenciano a español. Es licenciado en Traducción e Interpretación por la Universidad Jaume I y Máster Europeo en Interpretación de Conferencias por la Universidad de La Laguna. Gerente de SENTAMANS Traductores S. L. (www.jsentamans.com), ha interpretado a jefes de Gobierno, premios Nobel o altos cargos de diferentes organismos a nivel mundial, y hoy comparte con nosotros todos los secretos de esta apasionante profesión.

Antes de nada, muchas gracias por concedernos esta entrevista y enhorabuena por tu trayectoria, Jose. Hablas inglés, alemán, italiano, valenciano y castellano, ¿interpretas en las dos direcciones? En caso afirmativo, ¿los retos a los que te enfrentas son los mismos? ¿Te supone una mayor dificultad interpretar a otros idiomas que no sean tus lenguas maternas?

Hola, Almudena. Encantado, muchas gracias a vosotras. El español y el valenciano son mis lenguas «A» (lenguas maternas); el inglés, mi única lengua «B» (retour); alemán e italiano, mis lenguas «C» (pasivas). Interpreto de mis lenguas B y C a mis lenguas A, y únicamente a mi lengua B desde una lengua A. 

Los retos en cada idioma activo (español, valenciano, inglés) son muy distintos, dependiendo también del idioma de partida. Por ejemplo, al trabajar en retour (español/valenciano > inglés) nuestra técnica de interpretación es (o debería ser) distinta, dado que partimos de una lengua menos sintética hacia una muy sintética, y de una cultura más teórica y acostumbrada al razonamiento abstracto hacia otra más pragmática y directa en su comunicación. La técnica cambia también cuando trabajamos desde alemán: por cuestiones de gramática y sintaxis (oraciones de relativo y verbos separables, principalmente), es necesario aplicar la denominada «Salami-Technik» o, lo que es lo mismo, trocear el discurso en unidades sintácticas básicas e ir recolocándolas cual LEGO a medida que se desgrana el mensaje, a fin de evitar décalages excesivamente largos y aligerar carga conceptual pendiente de procesar. De nuevo, la técnica cambia también cuando trabajamos desde italiano (hacia español, por ejemplo). Al ser ambas propensas al circunloquio, es necesario ser más sucintos y selectivos en español para que nuestro oyente reciba las ideas de forma clara, sencilla y en cómodas píldoras de información.

Como puedes imaginar, dicha técnica variable es resultado de años de práctica y, sobre todo, formación específica en interpretación de conferencias.

En cuanto al inglés, por mucho que lo dominemos, si no es lengua materna lo más habitual es que exista cierto grado de limitación de recursos lingüísticos (aunque también podría darse la circunstancia de que esta fuera lengua materna y, sin embargo, tuviéramos mayor dominio de otro idioma, especialmente si este ha sido lengua vehicular educativa en primaria o secundaria). Sin embargo, como intérpretes, en nuestras lenguas B debemos ser capaces de transmitir el mensaje original de forma clara, fidedigna y con el registro adecuado en cada caso.

Vemos que eras el único intérprete del discurso de investidura de Joe Biden para À Punt. ¿Es algo habitual en discursos de esta duración? ¿Depende de las circunstancias de cada encargo, como el formato (para televisión, en congresos, etc.) o el tipo de interpretación (simultánea, consecutiva o de enlace)? ¿Hay algún límite de tiempo máximo para un único intérprete?

Sí. Mi encargo consistía en interpretar únicamente el discurso de Joe Biden —que sabíamos por el equipo de Informativos que sería de unos 20-30 minutos— y los juramentos de Biden y Harris, que son fórmulas breves, ya preparadas, que teníamos por escrito. Al final, fueron 22 minutos en total, que viene a ser la duración habitual de un turno de interpretación (que oscila entre los 15 y los 30 minutos, según acuerde cada pareja de intérpretes). Por este motivo, se asigna un solo intérprete para el discurso, como también fue el caso en RTVE o TV3. También porque en un discurso tan preparado y donde todas las frases están tan enhebradas sería difícil elegir una pausa discursiva donde el cambio de turno pudiera hacerse sin perder contenido. En À Punt, al solo contar con un canal de TV, únicamente se pinchó el discurso de Biden en la emisión en directo, y el resto de la ceremonia de investidura (de tres horas de duración) se retransmitió por la web, pero sin simultánea. En otras cadenas con varios canales, como RTVE, se interpretó íntegra la investidura, de ahí que asignaran a dos intérpretes (Aida González del Álamo y Daniel Sánchez Reinaldo, un saludo para ambos) para cubrirla de principio a fin. Este tipo de encargos tan específicos y limitados en mi caso no son tan habituales en el mercado privado, donde se suele trabajar ya por parejas (o tríos, en algunas instituciones internacionales), si bien el tiempo máximo por intérprete puede variar mucho en dicho mercado.

¿Cómo te has preparado para interpretar el discurso de investidura de Joe Biden? ¿Disponías de algún material de apoyo que te permitiese poder preparar la interpretación con anterioridad?

Como suele decirse jocosamente, me alegra que me hagas esta pregunta, Almudena, porque la respuesta describe bastante bien la dificultad de este encargo, así como de otros muy técnicos que se prodigan en el mercado privado. Lo calculé a posteriori y, en total, es posible que le dedicara unas 40 horas. Sí, 40 horas… para 21 minutos de discurso. Aquí computo los últimos tres días a tiempo completo, así como varias horas al día durante la semana anterior. Y todo lo que conlleva preparar un encargo de este calibre: lectura diaria de prensa en español, valenciano e inglés; seguimiento exhaustivo de la CNN; búsqueda de información bibliográfica sobre Biden y Harris; y práctica reiterada con los discursos de Biden disponibles en YouTube. Todo ello, siempre libreta en mano, anotando tics lingüísticos, temas tratados habitualmente e ideas afines, expresiones recurrentes en sus discursos, así como expresiones habituales en prensa nacional para describir todo aquello que se decía y sucedía durante aquella semana en Estados Unidos.

En discursos oficiales, es clave la preparación «de fondo». Es decir, haber practicado muchísimo este género textual de forma específica. Por suerte, en el MIC de La Laguna se nos exponía casi a diario a discursos oficiales de distintos jefes de Gobierno y de Estado, donde —mucho más que en otros tipos de conferencias— es crucial clavar el inicio y el final del discurso, entender y transmitir con la voz el efecto que busca con cada recurso lingüístico (cuando enfatiza, cuando repite, cuando habla más pausadamente, cuando marca un silencio, etc.), ser capaz de resolver citas y juegos de palabras y, sobre todo, contar con vocabulario y registros muy amplios a fin de interpretar de forma fiel las palabras y matices de un discurso político y diplomático, donde cualquier término o expresión imprecisos puede suponer un error muy grave. Además, en cuanto a Joe Biden, un aspecto que cabe mencionar es que durante su infancia sufrió tartamudez, que superó en parte recitando poesía irlandesa pero que aún hoy le causa algunos problemas de dicción, lo que durante la investidura supuso una dificultad añadida, puesto que algunos conectores y nombres citados eran difíciles de identificar si aún estabas desarrollando la idea anterior.

Por lo que respecta a materiales, uno siempre alberga la esperanza de recibir el discurso minutos antes de empezar, si bien esto no siempre es posible, especialmente cuando el dirigente en cuestión aún no ha asumido el cargo y quizá su gabinete no tenga todavía canal de comunicación directo con los medios internacionales para facilitar dicho material. Sí es más factible en cumbres o grandes conferencias internacionales, donde los dirigentes suelen leer el discurso en papel (o teleprompter) y, por tanto, es posible conseguirlo si se accede al responsable de comunicación en cuestión, que suele estar presente en la sala minutos antes de que estos suban al estrado.

Interpretar un discurso de investidura de un presidente de Estados Unidos tiene que ser un auténtico desafío y un hito para la carrera de un intérprete, pero ¿podrías comentarnos cuál fue tu primer encargo de interpretación y cómo lo abordaste? ¿Se siguen sintiendo nervios a pesar de tener una dilatada experiencia?

El mundo de la interpretación se presta a todo tipo de carambolas rocambolescas y mi primer encargo fue nada menos que una interpretación de enlace entre las directivas del Arsenal y el Villarreal con motivo de su partido de cuartos en la Champions League de 2009. Aquí el mayor reto no fue quizá la interpretación en sí, sino convencer a un curtido empresario y presidente de club de fútbol (pues se me citó directamente a su despacho) de que este humilde pardillo —aún no había cursado siquiera el máster— era el candidato idóneo para el encargo. Lo abordé como creo que hay que hacerlo cuando uno tiene dudas sobre sí mismo o cuando el encargo es difícil: echándolo el máximo número de horas posible. En este caso concreto, intenté empaparme de todas las novedades de los clubes y de la competición, y me informé minuciosamente sobre cada uno de los directivos y sus empresas (creo que el único que no era multimillonario en la mesa era yo...), por si en un cambio de tercio pasábamos del césped al parqué.

Y sí, años después sigo sintiendo nervios antes de los encargos de máxima responsabilidad. Sin embargo, con la experiencia, me he dado cuenta de que estos desaparecen en cuanto enciendo el micro. Me encanta el deporte y aprendo mucho de cómo futbolistas, surfistas y jugadores de baloncesto de élite afrontan las grandes citas (finales de NBA, Champions u olas como Teahupoo). La mayoría coinciden en que siguen sintiendo nervios durante los prolegómenos y en que estos se desvanecen en cuanto saltan al campo o entran al agua, porque saben que llevan toda la vida entrenando para momentos como ese y que han repetido una y mil veces todos los movimientos y acciones que pueden suceder a continuación.

Salvando las siderales distancias, así me gusta verlo a mí también. Obviamente, durante el discurso de Joe Biden, podemos ver un precipicio abrirse a nuestros pies si nos detenemos a pensar —aunque sea medio segundo— que estamos saliendo en directo por radio y televisión, que estamos interpretando seguramente el discurso más importante de un presidente de Estados Unidos, que este cuenta con un equipo de redactores de discursos extraordinarios que llevan días preparándolo (mientras que nosotros solo tenemos unos pocos segundos para analizar, abstraer y reformular cada frase o idea), que inevitablemente van a surgir citas bíblicas e inesperadas… por eso en mi caso traté de evitar cualquier pensamiento de este tipo y, si me asaltaba, lo sustituía rápidamente por el de los años que llevo trabajando y formándome como intérprete (y los que me quedan, pues la formación debe ser continua) y el de las horas de preparación que le había dedicado.

Has interpretado en multitud de eventos, sectores y formatos. ¿Existe alguna diferencia entre interpretar para un medio de comunicación y para otro tipo de evento, como un congreso o una reunión? 

La verdad es que sí. Hay una diferencia enorme. La mayoría de congresos suelen ser de carácter técnico, por lo que si preparas bien los materiales, es difícil que algún ponente se salga del guion y sorprenda con temas novedosos, si bien en el mercado privado siempre puede suceder de todo. Pero no es lo más habitual. Además, suelen ser de varias horas de duración, por lo que tienes tiempo para acostumbrarte al idiolecto, el acento o la forma de expresarse de cada orador. Asimismo, si bien debemos trasladar siempre el mensaje de manera clara, precisa y sucinta, en los congresos hay más flexibilidad de discurso y nadie espera que encadenemos una frase de formulación perfecta tras otra durante ocho horas. 

Sin embargo, al interpretar en los medios el nivel de tensión es máximo durante toda nuestra intervención, puesto que todo lo que decimos se está retransmitiendo en directo o queda grabado para la posteridad. Aquí cada frase es importante y el registro debe ser siempre correcto y elegante. Además, es crucial la modulación de la voz, puesto que, para conferir fiabilidad a nuestro mensaje, debemos transmitir con ella tranquilidad y seguridad en todo momento. No puede haber pausas dubitativas, solo silencios intencionados tendentes a reforzar la última idea expresada y, como los buenos oradores, debemos «subrayar» los términos clave con la voz.

¿Cómo es la rutina de un intérprete? ¿Sigues algún método para preparar los encargos de interpretación?

En encargos técnicos, no tiene mucho misterio. Me aseguro de conseguir los materiales (todos mis clientes saben que los intérpretes quedamos exonerados de cualquier posible imprecisión si no nos facilitan materiales suficientes), extraigo la terminología específica, leo textos paralelos si resulta necesario, creo el glosario, me lo imprimo y repito en voz alta cada término y su traducción correspondiente mientras paseo por la casa (el movimiento físico ayuda a retener información). Algún que otro cruasán he quemado estudiando terminología técnica :)

Cuando se trata de encargos más mediáticos, como cuando he tenido la suerte de interpretar a actrices, deportistas de élite, jefes de Estado o dirigentes de organismos internacionales, como buen cinéfilo me gusta imitar la preparación de los «actores del método» (intérpretes, al fin y al cabo) y trato de ponerme en la piel del ponente durante unos días, en los que —además de estudiarme su biografía— me dedico a buscar todo el material audiovisual disponible (especialmente, podcasts especializados y vídeos de YouTube con entrevistas o discursos previos) para verlo o escucharlo en bucle mientras voy sacando expresiones habituales y pensando posibles traducciones.

En el caso de Joe Biden, por ejemplo, esto me sirvió para descubrir que es un dirigente que no tiene reparos a la hora de emocionarse en público, sobre todo cuando habla de su familia y, más específicamente, cuando menciona a su hijo «Beau», cuya fulgurante carrera política se vio truncada por un cáncer cerebral a los 46 años de edad. Por tanto, sabía que si aparecía en el discurso, debía estar preparado para pronunciar su nombre con la mayor emotividad posible, algo no precisamente sencillo en un discurso oficial, donde hacemos un esfuerzo especial por mantener la formalidad y la concentración en todo momento.

No obstante, quisiera recalcar que esto no es ni mucho menos algo exclusivo de un servidor. Conozco a varios y varias colegas que afrontan este tipo de encargos con igual o mayor dedicación, sin reparar lo más mínimo en su rentabilidad, siendo conscientes de que va en el caché y el prestigio profesional estar a la altura del ponente o del evento.

En tu opinión, ¿qué cualidades debe tener un buen intérprete?

Sin duda, curiosidad, voluntad constante de mejora, pasión por su trabajo y ética profesional. Huelga decir que debe contar con un dominio excelente de sus lenguas de trabajo y que este debe descansar sobre los cimientos de una lengua materna impecable, pero estas cualidades se presuponen. Sin embargo, sin curiosidad no hay crecimiento profesional, sin voluntad constante de mejora no hay perfeccionamiento de la técnica, sin pasión por nuestro trabajo puede resultar difícil hacer frente a críticas profesionales, aspectos negativos de la profesión (que los hay) y épocas de vacas flacas (que también las hay), mientras que sin ética profesional uno se queda pronto sin colegas.

¿Qué pueden hacer los clientes para contribuir a que el encargo sea un éxito? ¿Qué información y material te gustaría que te proporcionaran para cada encargo? ¿Qué deberían tener los clientes en cuenta a la hora de solicitar un servicio de interpretación?

Creo que cualquier colega a quien preguntes te responderá lo mismo: facilitarnos los materiales con antelación. A todos nos encantaría recibir el programa y las presentaciones con al menos una semana de antelación, pero esto está más cerca de la carta a los Reyes Magos que de la realidad. 

Es importante convencerles de que esto es un trabajo en equipo y que está en su propio interés que podamos preparar bien cada encargo. En mi caso, en el 95 % de los casos recibo los materiales (soy muy pesado con el tema), pero la idiosincrasia del sector conlleva que todo se envíe siempre a última hora.

Está claro que la pandemia ha revolucionado todos los sectores, pero ¿en qué medida se ha visto afectada la interpretación? ¿Cuáles son los principales retos a los se enfrenta el sector?

Sin duda. Por ponerlo en contexto, a mediados de marzo de 2020 y de la noche a la mañana, prácticamente todos los intérpretes del mundo nos quedamos en paro. Aquí, el 13 de marzo, concretamente. 

Esto supuso un shock enorme para el sector, que fue uno de los más inmediatamente afectados (al depender de la posibilidad de viajar y de congregar a grandes números de personas en espacios cerrados). Sin embargo, superada esta fase de parálisis, ya a partir de mayo se empezaron a programar eventos virtuales, que infundieron nueva vida al sector.

No obstante, como en cualquier sector en mantillas, es esencial corregir defectos lo antes posible para que estos no se conviertan en problemas sistémicos y, en el caso de la interpretación remota, el principal escollo al que nos enfrentamos es la deficiente calidad de sonido de los ponentes. Por un lado, porque las plataformas online limitan el rango de frecuencias de la voz humana (con lo que la imagen sonora es menos nítida y aumenta la carga cognitiva del intérprete) y, por otro, porque ahora la sala de conferencias pasa a ser la habitación de cada ponente, y obviamente ni estas están diseñadas para tal fin ni los ponentes son técnicos informáticos o de sonido, por lo que su conexión a Internet no siempre es la óptima y no son conscientes de la importancia de utilizar un micrófono USB. 

Ya por último, una amenaza que afronta el sector es el de las plataformas online que, además de ofrecer software de ISR, tienen una clara intención de establecerse como intermediarios y dictar las condiciones de trabajo de los intérpretes, explotando las inevitables diferencias en el nivel de vida de cada país y continente, invisibilizándolos y usándolos como meras piezas de subasta privada al mejor postor. Y, aún más grave que dichas prácticas, es que muchos colegas no sean conscientes de que entrar en dicha espiral a la baja supondrá que dejarán de ser intérpretes dentro de muy pocos años. Porque siempre va haber alguien más barato que tú en algún rincón del mundo. Porque a precio es muy fácil competir. A calidad, ya no tanto.

¿Se pueden seguir celebrando a distancia eventos que requieran interpretación? ¿Qué diferencias hay entre la interpretación in-situ y la interpretación a distancia?

Sin duda. Y, por suerte, se están celebrando muchos. En cuanto a las diferencias, es como de la noche al día. La interpretación presencial sucede en espacios diseñados acústicamente para tal fin, donde todos los ponentes utilizan el mismo equipo técnico profesional instalado por empresas de sonido o audiovisuales y donde, prácticamente, lo único que puede salir mal es que algún micrófono se quede sin batería o que alguien desconecte por error algún cable. 

Sin embargo, en la interpretación a distancia convergen toda una serie de factores de los que dependemos por completo y sobre los que, en la mayoría de los casos, no tenemos control ninguno: equipo informático, dispositivos y conexión a Internet de cada ponente; estabilidad de la señal de Internet el día del evento; posibles bugs de software o actualizaciones de última hora que afecten al servicio, etc. Si bien a todos nos alegra que el sector se haya adaptado tan rápido y, a diferencia de otros sectores, podamos seguir ejerciendo nuestra profesión, lo cierto es que en estos momentos son muchos más los desafíos que las alegrías.


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Hace un par de años, interpreté un congreso soporífero en el que un eminente físico ruso analizaba (en inglés) cómo variaban las ondas alfa, beta, theta y delta en una electroencefalografía si el paciente se sometía a una determinada terapia. Tras varias horas de lecturas de picos y valles en la actividad cerebral, yo había activado ya el piloto automático cuando, de repente, dijo «putamen» y a mí se me escapó... «putamina», para gozo y regocijo del público asistente. Absorto en tan apasionante lectura, el físico ruso no atisbaba a comprender cuál de los gráficos había causado semejante revuelo y, cuando se atrevió a preguntar, nuestros afables asistentes tuvieron a bien explicarle detalladamente todas las connotaciones lingüísticas del engendro «putamina»… si bien en la pausa del almuerzo vinieron a la cabina a agradecerme el desliz, puesto que fue su único momento de diversión en todo el congreso :)

Muchas gracias por tu tiempo y por tu generosidad, Jose. Te deseamos toda la suerte del mundo para el futuro.

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