Juande Blasco

Sinólogo

Á
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La verdadera batalla de Mulán

24-09-2020

El remake en acción real del clásico de Disney de 1998 ha dado mucho que hablar. La legendaria guerrera china ha tenido que luchar contra una pandemia, polémicas políticas y una tibia acogida en su país de origen.

“De cerca, uno ve que el conejo macho no deja de mover las patas, 

mientras que el conejo hembra suele entrecerrar los ojos. 

Sin embargo, cuando corretean uno al lado del otro, 

¿cómo podría alguien diferenciarlos?” 

 

Con estos versos (la traducción es mía) se cierra La balada de Mulán, el poema épico que relata el periplo de una mujer joven que se alista en el ejército imperial en el lugar de su padre para salvarlo de una muerte segura en el campo de batalla. Se trata de una historia muy poco convencional, cuya fuerza resuena todavía hoy desde el siglo IV. 

Hace dos semanas se estrenaba en China la esperada nueva versión de la película de Disney. La compañía del ratón no lo tenía nada fácil. La legendaria guerrera iba a ser el éxito de este 2020, pero la pandemia, la polémica y el orientalismo han creado una tormenta perfecta de la que difícilmente podría salir ilesa. Todo empezó el año pasado, cuando la actriz que interpreta a Mulán, Liu Yifei, mostró públicamente su apoyo a la policía de Hong Kong, en medio del revuelo político que vive el territorio. Desde entonces, algunos activistas hongkoneses, taiwaneses y de otras regiones llamaron a boicotear la película absteniéndose de verla en los cines. Meses después, se descubría la existencia de un nuevo coronavirus en Wuhan y el confinamiento en China fue seguido por confinamientos en todo el mundo, con el consecuente cierre de las salas de cine. El estreno de Mulán, previsto para el 27 de marzo de este año, fue pospuesto dos veces hasta que Disney decidió lanzarla directamente en algunos mercados el 4 de septiembre en su plataforma de pago Disney+ como película Premium. Esta jugada no gustó a muchos debido a su precio desorbitado y al palo que suponía para los cines, que ansiaban el estreno del filme en salas con la esperanza de recuperar las pérdidas del confinamiento. Además, miles de espectadores se sentían decepcionados por el traslado a acción real de la película de animación de 1998, calificándola de aburrida y carente de la magia que la hacía especial. Cuando todo parecía que no podía ir peor, el llamamiento al boicot se vio reforzado cuando se corrió la voz de que, en los títulos de crédito, Disney mostraba su agradecimiento a organismos de seguridad de la región de Xinjiang, donde activistas han denunciado la existencia de campos de reeducación, en los que supuestamente se han encerrado a miles de uigures con el objetivo de evitar cualquier forma de radicalismo musulmán.

Fuente de imagen: MEW Magazine

Ante semejante panorama, las salas de cine del Gigante Asiático se antojaban la salvación de una película de 200 millones de dólares de presupuesto. No es nada nuevo que Hollywood lleve años con la mirada puesta en el rentable mercado chino y esta película había cuidado especialmente cada detalle para contentarlo. Actores de la talla de Jet Li y Gong Li forman parte del elenco y la propia directora de la película, Niki Caro, comunicaba a la agencia de noticias china Xinhua que “en muchos sentidos, la película es una carta de amor a China”. Pero el amor, como bien sabemos, no siempre es correspondido. La taquilla del primer fin de semana recaudó 23,2 millones de dólares, 6,6 millones menos que Tenet, película a la que esperaba superar con creces, y en Douban, sitio web de referencia para el cine en China, la película cuenta con una puntuación de 4,9 sobre 10. Hasta el diario ultranacionalista Global Times, que animaba a los espectadores chinos a apoyar la película frente al boicot, ha declarado que las causas del fracaso de Mulán en China eran “un pobre nivel artístico y la falta de comprensión de la cultura china”. 

Pese a que el arte no está para agradar a todos, es comprensible que algunos aspectos de la película hayan chocado en el público del Reino del Medio. Disney había anunciado que quería ser más fiel al poema original y había expresado su anhelo de ser más respetuosa con la cultura china que la versión de 1998. Parte de esa decisión implicaba prescindir del querido dragón Mushu, que servía de alivio cómico en la versión animada, para hacer honor a la simbología del dragón en el imaginario chino. Pero al espectador chino no se le escapan ciertos elementos que quizás llamen más la atención que un dragón de pequeño tamaño que acompaña a la protagonista en su peligrosa aventura.

Ya desde un principio, Mulán es presentada como una niña que posee un poder extraordinario. Este poder es, según la película, un “qi” poderoso, reservado exclusivamente a los guerreros varones. Esto supone un conflicto con la cultura china, donde podríamos decir que el “qi” es equivalente a la sangre y es común a todos los seres vivos. La lectura occidental de la energía vital como una suerte de poder místico es un lugar común que el espectador chino ya está cansado de presenciar. En la película también aparece el concepto de bruja asociado al personaje que interpreta Gong Li, y Mulán es acusada de serlo en plena batalla. Este concepto de brujería viene presentado bajo una perspectiva occidental, haciendo caso omiso de la gran riqueza de elementos sobrenaturales presentes en la cultura china. Hablar de “huli jing”, espíritus duchos en la metamorfosis y muy frecuentemente asociados a la mujer, habría resultado más apropiado. Además, el hecho de que Mulán cuente con habilidades sobrenaturales desde el principio choca con la propia esencia del relato. En la balada original, Mulán es una chica de su época que al principio del poema se encuentra tejiendo en su telar y que decide arriesgarlo todo para salvar a su padre. Empieza de cero y sus logros son fruto de su esfuerzo y determinación. Como mujer, no tiene que tener poderes sobrenaturales para ser igual que un hombre. De hecho, nadie se da cuenta de que lo es hasta el final, cuando llega a su casa después de doce años, se cambia de ropa, se maquilla y sale a ver a sus compañeros de batalla. El crecimiento personal y la autosuperación son elementos claves en la narrativa de la balada, además de un patrón bastante reconocible en la Literatura china. 

Fuente de imagen: El Español

Por otra parte, la película muestra que Mulán vive en un “tulou”, una construcción de base circular propia del sur de China. Esto supone una incoherencia histórica tanto en la geografía como en la época. La historia de Mulán sucede en la época de las dinastías meridionales y septentrionales, en torno al siglo IV. Mulán se encuentra en el norte y pelea contra los rouranos, pueblos nómadas que suponían una amenaza para la dinastía Wei del Norte. No tiene sentido que los ciudadanos de la dinastía sureña sean llamados a filas para combatir por el reino del norte. Además, hay que destacar el anacronismo que implica la aparición de un “tulou”, pues estas construcciones empezaron a darse en el siglo XII, casi un milenio de diferencia con la época en la que suceden los acontecimientos de Mulán.  

Otro elemento que resulta disonante es el papel del fénix, introducido en la película de acción real como sustituto de Mushu. La elección resulta acertada, pues simboliza lo femenino o “yin”, frente al dragón, que encarna lo masculino o “yang”. Sin embargo, se le otorga la capacidad, propia del fénix occidental, de renacer para poder aplicar la misma analogía con la protagonista. 

Es una pena que las aves legendarias asiáticas tengan que parecerse a las occidentales para crear historias. 

Puede que muchos de estos detalles pasen desapercibidos al resto del mundo, como los conejos que corretean en el poema original de Mulán, pero el público chino, cada vez más exigente y muy sensible para con su cultura, está mirando cada conejo de cerca y no se le escapa una. Si hay algo que podemos aprender de Mulán, además de su capacidad de desafiar lo establecido, es que tratar con una cultura que no es la propia no es nada fácil, y que asesorarse bien, desde el respeto y el conocimiento, es fundamental. China, a pesar de su inmenso legado, su riqueza cultural, su fascinante tradición y su relevancia en la actualidad, sigue siendo una gran desconocida para muchos. Todavía se sigue mirándola desde una perspectiva orientalista, cuyos estereotipos no nos permiten verla como es. Tal vez algunos se sorprendan cuando, llegado el día, se quite la armadura y se revele como mujer. Mulán es una película visualmente maravillosa, pero no estaría mal que viésemos más allá de lo que presenta. 



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