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Juande Blasco

Sinólogo

Á
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Shang-Chi despierta al aletargado dragón de Hollywood

14-09-2021

El nuevo superhéroe de Marvel es el primer protagonista asiático de este mundo cinematográfico y, pese a la incertidumbre en la que se ve envuelta la industria del cine actualmente, rompe récords de taquilla y desmonta estereotipos.

En 1973 aparecía por primera vez el personaje de Shang-Chi en un cómic de Marvel. El pasado viernes 3 de septiembre, casi cincuenta años después, el personaje se abría paso en la gran pantalla como el primer superhéroe asiático de la afamada franquicia de Disney. El estreno de Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos estaba en el punto de mira por varios motivos. Era la primera película en mucho tiempo en contar con un lanzamiento exclusivo en cines y las ganancias de su estreno eran todo un misterio. Además, el tráiler había generado bastante rechazo en China, el país de donde procede el superhéroe y un importante mercado para Marvel.

El público chino se temió lo peor al ver a Simu Liu y a Awkwafina como dúo protagonista, con una gran cantidad de cibernautas quejándose por no tener en cuenta los estándares de belleza chinos y recurrir a lo que los extranjeros consideran que gustará en China. No es nada nuevo que el Gigante Asiático es un mercado cada vez más exigente, pero en este caso el recelo no era infundado. De hecho, en los cómics, Shang-Chi es el hijo de Fu Manchú, una figura que encarna estereotipos racistas, y que es la misma persona que “el Mandarín”, personaje que está presente en el universo Marvel desde su inicio en Iron Man (2008). Además, la versión en acción real de Mulán, estrenada el año pasado, dejó claro que todavía persisten en el cine la occidentalización y los malentendidos, a pesar de todo lo que se ha avanzado en tema de apropiación y gestión culturales. A día de hoy, Shang-Chi todavía no cuenta con fecha de estreno en China, siendo la primera película de Marvel que no es aprobada para su distribución en el país y la segunda en no lanzarse el mismo día del estreno mundial. Esto sería motivo de preocupación para Disney, pues se estima que de un 10% a un 20% de las ganancias de una de sus películas de superhéroes proviene del Reino del Medio.

Pese al gran número de obstáculos, Shang-Chi ha sido un verdadero triunfo, batiendo récords en el puente del Labor Day en Estados Unidos con 71,4 millones de dólares y ganándose el corazón de la crítica. Y es que, esta película es todo un ejemplo de cómo aproximarse a una cultura con respeto y prestar atención a cada detalle para que cada elemento, cada referencia, cada guiño respondan a una sensibilidad documentada y consciente. Hasta la traducción para el doblaje en español cuida la terminología, el idioma chino mandarín como tercera lengua en el texto y resuelve con gracia retos lingüísticos y culturales.

Simu Comic

El reparto es prácticamente inmejorable, con Simu Liu, un rostro poco conocido a nivel internacional, en el papel de Shang-Chi, y el actor fetiche de Wong Kar-Wai, Tony Leung, como Wenwu, el padre del protagonista. Ambos desprenden carisma y humanidad en una película en la que los superhéroes son especialmente humanos. Awkwafina, como Katy, la mejor amiga de Shang-Chi, aporta el alivio cómico y Michelle Yeoh, como no podría ser de otra forma, derrocha talento en su actuación y sus coreografías de acción. Asimismo, tanto el director y coguionista, Destin Daniel Cretton y el guionista David Callaham son de ascendencia asiática, suponiendo toda una declaración de intenciones frente al blanqueamiento cinematográfico al que nos tienen acostumbrados en Hollywood.

Otro aspecto que hace de este filme una delicia visual es su brillante despliegue de artes marciales. Cada coreografía está perfectamente justificada y todos los estilos de lucha empleados, desde el kung fu chino tradicional hasta el grácil taichí, sirven para expresar elegancia, belleza y emociones de una manera que ni las palabras ni la música pueden alcanzar. El lenguaje del wushu está perfectamente cuidado y le da a la cinta un cariz diferente a todo lo visto anteriormente en Marvel. Shang-Chi ha cambiado las reglas del juego.

Wenwu

En el tercio final de la película, la acción nos lleva a la aldea de Ta Lo, oculta en un bosque de bambú encantado. Es en esa tierra mágica donde se despliega la mayor cantidad de CGI ante los ojos del espectador, que es testigo de una interpretación magistral de las criaturas del imaginario chino. Es como si nos encontráramos delante de una traducción visual del Shan Hai Jing o el Libro de las montañas y los mares, un texto clásico que recoge toda suerte de criaturas mitológicas a lo largo de toda la geografía conocida en la China del siglo IV a.C. Pueden distinguirse los dijiang, seres alados sin cabeza; los fenghuang o fénix; los shishi, leones guardianes; los qilin, también conocidos como unicornios chinos; los zorros de nueve colas hulijing y, no podía faltar, un majestuoso long o dragón, que hará las delicias de todos los amantes de estas criaturas. Si lo observamos de cerca, veremos que su aspecto respeta los orígenes mitológicos de esta criatura, apreciándose escamas similares a las de una carpa de colores.

Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos es un verdadero tributo a la cultura china y un punto de inflexión en la forma de enmendar los estereotipos racistas y orientalistas presentes en el cine occidental. Hasta Tony Leung, en su papel de Wenwu, se ríe explícitamente en la película de la figura del Mandarín, que el propio universo de Marvel perpetuó desde un principio. Shang-Chi ha venido a ofrecer un referente como los dioses chinos mandan para todos aquellos asiáticos que no han podido verse representados en el cine, pero también ha venido, de algún modo, a salvarnos a todos nosotros, tratando temas como la pérdida del amor, las difíciles relaciones familiares y la fuerza de la humildad, la vulnerabilidad y la propia determinación a abrazar un propósito. 

 

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