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Almudena Castro

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Estrategia de comunicación inclusiva: cómo dirigirnos a las personas con discapacidad

30-03-2021

Para utilizar un lenguaje inclusivo y respetuoso, es vital saber cómo dirigirnos a los diferentes grupos sociales. Hoy nos centraremos en las personas con discapacidad.

El lenguaje es la herramienta que usamos para comunicarnos con nuestra familia, con nuestros amigos y, en definitiva, con cualquier persona a la que nos dirigimos. Tenemos que tener muy presente que la sociedad actual es diversa y está formada por personas de diferentes sexos, religiones, culturas, capacidades, etc. Hoy nos vamos a centrar en cómo dirigirnos a un grupo social en concreto: las personas con discapacidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 15 % de la población mundial padece algún tipo de discapacidad. Estamos hablando de que en el mundo hay más de 1000 millones de personas que se tienen que enfrentar a diario a obstáculos para acceder a servicios básicos como la salud, la educación, el empleo o la información.

Según la OMS, en el mundo hay más de 1000 millones de personas con discapacidad.

En este artículo presentamos una serie de técnicas y estrategias muy sencillas que puedes poner en práctica para comunicarte de forma más respetuosa y correcta con este grupo social en tu entorno familiar, en tu trabajo y, en definitiva, en cualquier ámbito de tu vida.

Seguramente en algún momento te haya surgido la duda de cómo referirte a una persona con discapacidad y te haya costado encontrar las palabras adecuadas. Es normal, a todos nos ha pasado en algún momento. Por eso, hoy presentamos una serie de recomendaciones que recoge la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) para hacer uso de un lenguaje correcto, respetuoso y consensuado a la hora de referirnos a personas con discapacidad.

Esta entidad aúna a personas con discapacidad física y orgánica, por lo que es importante conocer primero la diferencia entre estos dos conceptos.

Según la COCEMFE, «la discapacidad física hace referencia a la disminución o ausencia de funciones motoras o físicas que, a su vez, repercute en el desenvolvimiento o forma de llevar a cabo determinadas actividades en una sociedad que presenta severas limitaciones y barreras».

Por otro lado, define la discapacidad orgánica como «aquella producida por la pérdida de la funcionalidad de algunos sistemas corporales, que suelen relacionarse con los órganos internos o procesos fisiológicos, ya sean de forma congénita o adquirida».

Por lo tanto, las personas con discapacidad se tienen que enfrentar a diario a importantes obstáculos que influyen en su calidad de vida. Y nosotros tenemos la responsabilidad de cuidar el lenguaje con el que nos dirigimos para contribuir a la visibilidad, inclusión y reconocimiento de este colectivo. ¿Cómo podemos hacerlo? A continuación, te explicamos los consejos que recoge la COCEMFE.

1) Utilizar el término «persona con discapacidad»

El término «persona con discapacidad» está amparado por la legislación española e internacional. En España, la disposición adicional octava de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia obliga a las Administraciones Públicas a usar este término. A nivel internacional, es el único término válido y consensuado que contempla la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, aprobada y ratificada por España.

La lógica de este término reside en que las personas no son discapacitadas, sino que tienen una discapacidad, una de las muchas características que definen a cada una de estas personas. Por lo tanto, es muy importante anteponer siempre el sustantivo y usar «persona con discapacidad», y evitar siempre el término «discapacitado».

2) Otros términos adecuados («grupo social», «grupo de personas», etc.)

La COCEMFE recoge otras alternativas para evitar el abuso de «personas con discapacidad». La entidad propone usar «grupo social», «grupo de personas» o «esta parte de la sociedad».

3) Evitar términos no adecuados («inválido», «minusválido», etc.)

Como recoge la COCEMFE, las personas con discapacidad son ante todo personas y, por lo tanto, no quieren etiquetas. En ocasiones se utilizan ciertos términos peyorativos que vulneran la dignidad de las personas con discapacidad y añaden connotaciones negativas. Por lo tanto, debemos evitar palabras que hieran los sentimientos o menosprecien las capacidades de este grupo social, como «inválido», «minusválido», «disminuido», «retrasado», «tullido», «mutilado», etc.

4) Otros términos desaconsejados («diversidad funcional», «otras capacidades», etc.)

La COCEMFE considera que términos como «diversidad funcional», «otras capacidades» o «capacidades diferentes» transmiten condescendencia y, además, generan confusión, inseguridad jurídica y rebajan la protección de este grupo social. Además, estos términos no están amparados por ninguna ley y, por lo tanto, no se deben emplear.

5) Otras recomendaciones

Debemos evitar términos como «el discapacitado», «la ciega», «los epilépticos», «una tetrapléjica», etc. y anteponer siempre la palabra «persona»: «persona con discapacidad», «persona con ceguera», «persona con epilepsia» o «persona con tetraplejía». También debemos evitar referirnos a las personas con discapacidad de forma sensacionalista o compasiva con expresiones que implican una carga negativa, como «sufre de», «una víctima de», etc.

¿Qué te han parecido los consejos de la COCEMFE? Si te interesa el tema, te animo a que consultes otras propuestas de lenguaje inclusivo que recoge en su manual. También puedes consultar las recomendaciones al respecto de la Fundación del español urgente (Fundéu), o la Guía de estilo sobre discapacidad para profesionales de los medios de comunicación, de José Luis Fernández Iglesias. En esta guía el autor recoge consejos sobre cómo tratar de forma adecuada a las personas con movilidad o comunicación reducidas, así como un completo glosario de términos de interés.

Como ves, solo hace falta ser un poco más conscientes de las palabras que usamos para contribuir a construir una sociedad más igualitaria, en la que todos los colectivos se sientan aceptados, representados y reconocidos. Poner en práctica estos consejos en tu próxima comunicación puede ser un buen punto de partida.

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