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Almudena Castro

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Estrategia de comunicación inclusiva: cómo dirigirnos a las personas con discapacidad (II)

16-04-2021

Segundo artículo de la serie sobre comunicación inclusiva. Hoy traemos una serie de recomendaciones que pueden resultar útiles a la hora de referirnos a personas con diferentes tipos de discapacidad: sensorial, física, mental e intelectual.

En el anterior artículo de nuestra serie sobre comunicación inclusiva, hicimos una breve introducción sobre las diferencias entre discapacidad física y discapacidad orgánica y recogimos una serie de recomendaciones de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE). En este artículo queremos profundizar un poco más sobre los diferentes tipos de discapacidad e informaros sobre la terminología más adecuada para referirnos a cada uno de ellos.

En la guía de estilo sobre discapacidad para profesionales de los medios de comunicación, el Gobierno de España clasifica la discapacidad en cuatro grandes grupos: sensorial, física, mental e intelectual. A continuación vamos a explicar brevemente cada tipo de discapacidad y daros una serie de pautas para poder utilizar un lenguaje y una terminología lo más respetuosa y adecuada posible.

1) La discapacidad sensorial

La discapacidad sensorial es la que afecta a los sentidos. En esta categoría se incluyen la discapacidad visual y la discapacidad auditiva. También debemos tener en cuenta que existen trastornos del gusto, el tacto y el olfato que pueden causar discapacidad, como la parosmia o la hipoagusia.

a) Discapacidad visual

La discapacidad visual puede ser de origen hereditario, congénito o derivada de otras enfermedades. Incluye tanto la ceguera como problemas de visión de diferente grado. ¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de referirnos a este grupo social? A continuación te damos algunas pinceladas.

  • Se recomienda usar «ciego/a» o «persona con discapacidad visual». Debemos evitar el uso de «invidente».
  • «Sordociego/a» se debe escribir en una sola palabra (y no dos).
  • El sistema «braille» se debe escribir en minúscula. No es correcto hablar de «lenguaje braille», «idioma braille» ni «lengua braille».

b) Discapacidad auditiva

Por su prevalencia, la auditiva es la gran discapacidad sensorial, ya que el 5 % de la población mundial son sordos o tienen alguna discapacidad auditiva. Es un porcentaje muy significativo para no tener en cuenta a este grupo social, ¿no crees? A continuación te damos algunas recomendaciones para escribir sobre este tipo de discapacidad.

  • El lenguaje a través del cual se comunican las personas con discapacidad auditiva se llama «lengua de signos». Debemos evitar utilizar los términos «lenguaje de señas» o «lenguaje de signos».
  • También debemos ser conscientes de que no todas las personas son usuarias de la lengua de signos y de que no existe una única lengua de signos, sino que puede haber tantas lenguas como idiomas. En España, la lengua de signos española y catalana está reconocida oficialmente, aunque existen distintas variedades dialectales (gallego, vasco, valenciano, canario y andaluz oriental). Se escribirá en minúscula, como el resto de idiomas.
  • El término correcto para referirnos a este grupo es «personas sordas», «personas con sordera» o «personas con discapacidad auditiva». Jamás debemos usar «sordomudos/as».
  • Las personas con discapacidad auditiva pueden utilizar audífonos o implantes cocleares, pero nunca debemos referirnos a estos dispositivos como «sonotones».
  • No debemos utilizar «traductor» para referirnos a las personas que interpretan de forma simultánea de lengua oral a lengua de signos y viceversa. El término correcto es «intérprete de lengua de signos».

¿Sabías que, según la OMS, en el mundo hay alrededor de 1300 millones de personas que viven con alguna forma de deficiencia visual, 1500 millones con algún grado de pérdida de audición y 450 millones tienen alguna enfermedad mental?

 2) La discapacidad física

La discapacidad física se produce por la disminución o ausencia de las funciones motoras o físicas debido a la ausencia o alteración del movimiento de alguno de los miembros del cuerpo. Algunas de las causas más comunes de las discapacidades físicas son el daño cerebral, el daño en la médula espinal o el daño en la musculatura. En la guía de estilo mencionada anteriormente se recogen un par de recomendaciones muy interesantes que podemos tener en cuenta a la hora de incluir a este grupo social en nuestras comunicaciones.

  • No debemos hablar de «enanos», sino de «personas con acondroplasia» o «personas de talla baja».
  • Hay que tener en cuenta que no todas las personas con discapacidades físicas son usuarias de una silla de ruedas. Sin embargo, si tuviéramos que entrevistar a una persona que sí que es usuaria, deberíamos sentarnos a su altura.
  • No debemos usar «persona en silla de ruedas», sino «persona usuaria de silla de ruedas».

3) Las enfermedades mentales

La enfermedad o trastorno mental es una alteración de tipo emocional, cognitivo o de comportamiento. Las más comunes son la esquizofrenia, los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de la personalidad y los trastornos de ansiedad. Las personas con enfermedades mentales son las más estigmatizadas de todas las que tienen una discapacidad, por lo que debemos tener especial cuidado a la hora de comunicar sobre ellas. ¿Qué podemos hacer?

  • Debemos evitar sustantivar la condición de las personas con enfermedad mental, como «Los esquizofrénicos tienen problemas a la hora de encontrar trabajo».
  • No debemos utilizar imágenes o ilustraciones en las que aparecen personas con actitudes pasivas y sin ningún tipo de interacción social para no caer en el tópico de soledad y aislamiento que acompaña a las enfermedades mentales.
  • Tenemos que tener cuidado de no usar términos relativos a la salud mental en otros contextos para prevenir que se usen de forma peyorativa, como en el siguiente ejemplo: «El miedo ante los ataques terroristas provoca psicosis en nuestra vida cotidiana».
  • Conviene no hablar de «ingresos psiquiátricos», sino de «ingresos hospitalarios».
  • También debemos evitar palabras como «manicomio», «psiquiátrico», «encierro», «reclusión», «brote», etc.

4) La discapacidad intelectual

La discapacidad intelectual implica una serie de limitaciones en las habilidades que la persona aprende para funcionar en su vida diaria y, por ello, le cuesta más aprender, comprender y comunicarse. Este tipo de discapacidad se suele asociar a trastornos del espectro autista y el síndrome de Down, pero hay muchas otras clases. Hay un par de recomendaciones que debemos tener en cuenta a la hora de comunicar sobre este grupo.

  • Debemos evitar utilizar terminología infantil o paternalista, como «muchachos» o «chavales» para referirnos a adultos con síndrome de Down.
  • Es conveniente subtitular las declaraciones de personas con discapacidad intelectual cuya dicción es dificultosa para que puedan llegar en su totalidad al receptor.
  • Se prefiere hablar de «persona con trastorno del espectro autista» o «persona con TEA», en vez de «persona con autismo», aunque también es correcto.

Espero que te hayan resultado interesantes las recomendaciones de este artículo. Ya estás un paso más cerca de comunicar y escribir de forma más respetuosa e inclusiva y, en definitiva, de llegar a mucha más gente.

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